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lunes, 17 de octubre de 2011

Las tablillas de oro órficas



“Esta es la obra de Mnemosine.

Cuando desciendas a la morada de Hades,
hallarás a la derecha de la puerta una fuente,
y junto a ella un ciprés blanco.

Allí las almas, cuando descienden, se refrescan.

A esta fuente ni siquiera te acerques.

Pero hallarás otra, de  agua fresca fluyendo del lago de Mnemosine.

Delante de ella hay guardias.
Te preguntarán, con sagaz discernimiento,
Por qué investigas las tinieblas del sombrío Hades.

Responde:
 “Soy hijo de la Tierra y del Cielo estrellado,
pero soy de estirpe celestial.
De sed estoy seco y me muero.
Dadme pronto agua fresca para beber, la que mana del lago de Mnemosine”.

Entonces consultarán con la reina subterránea
 y luego te darán de beber de la fuente sagrada.
Entonces, una vez que hayas bebido,
irás a lo largo del camino sagrado
por el que otros mysta (iniciados) y bacchoi (bacos) avanzan gloriosos
 y mandarás sobre los demás héroes.”



Este misterioso e interesante relato mitológico (cuyo resumen,  si os habéis fijado un poco,  está en una de los laterales del blog) es parte de una de las numerosas tablillas de origen órfico descubiertas entre Tesalia y el sur de Italia.

 En concreto esta es la tablilla de Hipponion, cuya versión es la más completa de todas las demás laminillas de oro, cuyo origen data de los siglos IV y III a.C., además de haber sido halladas en diversas tumbas de numerosos lugares. Ahora bien, ¿Por qué se han escrito estas laminas y para qué?

Estas pequeñas laminillas de entre cuatro y ocho cm de ancho y entre uno y tres cm de largo, contienen textos muy breves, con numerosos trozos en verso intercalados con otros en prosa. Su interpretación es bastante difícil y tediosa por el deterioro en el que se encuentran estos valiosos manuscritos aunque de una cosa podemos estar seguros: sus textos contienen en su mayoría descripciones y referencias al otro mundo así como indicaciones dirigidas a las almas de los difuntos. Son por así decirlo, una guía de viaje para el alma iniciada en la muerte y de los peligros que se deben sortear para conseguir el tan merecido premio de conseguir acceder a los beneficios de los campos elíseos.


El Orfismo es una corriente religiosa surgida en el siglo  V- VI a.C.  aunque hay quien afirma que es mucho más antigua, basada en cultos y ritos muy específicos cuya autoría está asociada a la figura del héroe mitológico Orfeo, personaje que según la mitología griega, descendió a los infiernos para rescatar a su amada Eurídice con la sola compañía de su lira, instrumento que cuando tocaba amansaba hasta el terrible Cerbero, el perro de tres cabezas guardián del inframundo. Existía la creencia según los órficos de que Orfeo podía acompañar e indicar las almas de los muertos el camino hacia el Hades y desvelar las particularidades de su geografía, de ahí su importancia.

En honor a él se fundaron los Misterios Órficos o el Orfismo, un conjunto de ideas religiosas y filosóficas transmitidas por sacerdotes que según Platón, iniciaban a grupos pequeños de personas en ciertas ciudades elegidas, en secretos rituales de purificación destinados a prepararse para los peligros del inframundo cuando el cuerpo muriese. Los devotos a este tipo de rituales a menudo practicaban la abstinencia sexual, el vegetarianismo y la prohibición de comer ciertos alimentos como los huevos o vestir prendas confeccionadas con materiales como la lana.


Uno de los mitos principales del Órfismo está centrado en la figura del Dios Dionisio, dios del vino y el éxtasis y de los míticos Titanes.

Dionisio que al principio poseía otro nombre: Zagreus, nació como fruto de la relación incestuosa entre Zeus y la hija de éste: Perséfone. Según los mitos órficos, cuando Zagreus era apenas un niño, Zeus lo designó como sucesor y lo declaró el nuevo rey del cosmos. Los titanes, celosos del nuevo niño dios e incentivados por la celosa Hera, esposa de Zeus, atrajeron al niño con argucias para luego desmembrarlo, cocinar su carne y engullirla.
 
Zeus, furioso, fulminó a los Titanes con su rayo y de sus cenizas nació así la humanidad. Atenea(o Apolo según la versión) consiguió sin embargo, rescatar el corazón de Zagreus (suponemos que donde residía el alma del niño dios) gracias a lo cual posteriormente Zagreus podría renacer en otro vientre materno (o del propio Zeus que tragaría su corazón en otra versión), esta vez, como el nuevo Dionisio. 

Atenea con el corazón de Zagreus y Zeus
Los hombres, de esta manera, heredaron la culpa del crimen de los Titanes, culpa que debían expiar a lo largo de numerosas reencarnaciones  en las cuales sus almas de origen divino (puesto que los Titanes tienen ascendencia divina) se encontraban encerradas en cuerpos mortales como castigo y recordatorio de tan terrible acto.

Para purificar estas almas, el Orfismo declaraba y exigía el cumplimiento de determinadas condiciones rituales y morales tanto en la vida terrenal como en el Más Allá con ritos en honor a Dionisio y a su madre Perséfone.

Podemos afirmar entonces, que muchos de estos ritos órficos se encuentran incluidos en estas tablillas, muchas de las cuales se dirigen al alma del difunto para indicar el camino que debe tomar y las acciones a realizar para evitar los peligros durante su viaje por el inframundo.

La finalidad de las tablillas, las cuales se enterraban con el difunto, era que el alma, en su periplo por el otro mundo, recordara lo aprendido en los ritos iniciáticos aprendidos en vida en el Orfismo, así como una serie de contraseñas que se debían pronunciar indicando así que el alma estaba totalmente purificada de la culpa cometida por los Titanes, y alcanzar así la tan ansiada divinidad

Personificación del lago de Mnemosine
Esta también es la causa por la que, Mnemosine, la musa de la memoria, está presente en las tablillas; para que el difunto recuerde y conserve la memoria de sus experiencias iniciáticas para tener éxito, es por eso por lo que se recalca siempre la importancia de beber de las aguas del lago de Mnemosine, el lago de la memoria.
En este tipo de ritos también es importante explicar a los guardias del mundo subterráneo el origen divino del alma tal como reza la tablilla:

“Soy Hijo de la Tierra y del Cielo estrellado”.

Con esta frase se da a entender que el difunto es descendiente de los Titanes, hijos de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra); la primera pareja divina.

Con la continuación: “pero soy de estirpe  celestial” se expresa así que el alma es humana, y por tanto, fruto de las cenizas de los Titanes, destruidas por el rayo de Zeus por haber descuartizado y comido a Dionisio pero que el difunto ha realizado todos los rituales de purificación exigidos y que tiene derecho a acceder a la inmortalidad y divinidad del alma.

Las frases “De sed estoy seco y me muero. Dadme pronto agua fresca para beber, la que fluye del lago de Mnemosine”, indica el carácter de iniciado del difunto y el conocimiento que posee, el cual, no está al alcance de todo el mundo: la necesidad de beber sólo del lago de la memoria, del lago del que solo beben los elegidos para recuperar y conservar las memorias aprendidas en la vida terrenal.

Es entonces cuando los guardias deben consultar con Hades o Perséfone para verificar tal condición. Si el iniciado consigue pasar deberá continuar su viaje por el camino sagrado por el que otros iniciados en el Orfismo y ritos dionisiacos han pasado siendo acompañado por ellos para finalmente ascender a la condición de héroe.

En algunas tablillas como la de Thurii el alma en primera persona se dirige hacia Perséfone en lugar de los guardianes para expresar que es libre y purificada de mancha alguna y suplicarle benevolencia:

“Vengo pura de entre los puros, reina del mundo subterráneo.
Pagué una compensación por actos injustos, me dominó o el destino, o el que hiere desde las estrellas con el rayo. ”

Perséfone
Suponemos en este caso que el alma ha pasado los ritos de purificación del Orfismo y ha llegado a un nivel tal que el iniciado no necesita parar por prueba alguna salvo la confirmación de la diosa del inframundo. Si Perséfone no otorgaba su beneplácito podemos deducir que el afectado debía seguir continuando son su eterno circulo de reencarnaciones hasta alcanzar la purificación completa. Si en cambio la diosa accedía y otorgaba el perdón, el iniciado llevaría una vida inmortal y feliz en el inframundo.  

En otras láminas, se refieren específicamente al círculo de reencarnaciones como “círculo de almas” del cual se indica, que tras su recorrido por dicho ciclo,  el alma puede purificarse de la mancha originada por los Titanes convirtiéndose así en un Baco; en un alma divina, es decir, que el alma se identificaría de esta forma con el dios el cual también tuvo que renacer para recuperar su divinidad (Zagreus à Dionisio).  

Dionisio
De esta forma Dionisio, la victima del crimen cometido por los Titanes, es el que debe otorgar su perdón y su madre Perséfone se convierte en la jueza, la que debe decidir el destino del alma; si acceder a que el alma iniciada acceda al Hades como un héroe, como un dios o si por el contrario debe seguir con su círculo de reencarnaciones como dicen las láminas de Pelinna:

“Dichoso y afortunado, serás Dios en vez de mortal. Naciste un dios, del hombre que eras. Toma el camino de la derecha hacia los prados y bosques sagrados de Perséfone. Tendrás vino, feliz privilegio e irás bajo la tierra, cuando hayas cumplido los mismos ritos que los demás dichosos.”

Podemos ver que el vino se otorga como recompensa además de la compañía de los demás adeptos y es lógico puesto que Dionisio es el dios del vino.

En otras tablillas sin embargo leemos palabras sin orden ni concierto, como la encontrada en Pherai y que data del siglo III a.C.

“Andricepaedothyrsus. Andricepaedothyrsus.
Brimo. Brimo.
Entra al médano sagrado pues el iniciado está libre de castigo.”

El prometido paraíso en el Hades para los iniciados
Aquí vemos como el iniciado lo único que tiene que hacer es pronunciar las contraseñas correctas obteniendo como respuesta la indicación para acceder a la felicidad eterna.
La primera palabra Andricepaedothyrsus parece significar “niño adulto que lleva el tirso”, algo que parece ser una referencia al dios Dionisio que en su niñez fue proclamado dios de entre todas las cosas y que al morir tuvo que renacer llegando posteriormente a la etapa adulta. La palabra Brimo parece ser un sobrenombre asociado a la diosa Perséfone.

En otra lámina se indica en cambio que el iniciado no necesita contraseña alguna sino símbolos que demuestran que han pasado y aprobado todos los ritos órficos y por tanto pueden acceder al Hades sin castigo alguno:

“Envíame al thíasos de los iniciados, tengo los símbolos sagrados de Baco y los ritos de Demeter Chthonia y la Madre Montaña.”

El Orfismo supuso una novedad en su época, pues sostenía que la culpa, el míasma, se heredaba de padres a hijos, de modo que estos, aunque fuesen inocentes, debían pagar las injusticias cometidas por los antepasados y de que el alma estaba sometida a un ciclo de reencarnaciones del que, convenientemente purificada, podría zafarse para acabar viviendo eternamente en compañía de los dioses. Irónicamente no era tanta novedad pues como sabemos los celtas ya conocían lo que era la reencarnación.

Según el Orfismo, las almas condenadas debían yacer en el fango del Hades y estaban obligadas a realizar un trabajo imposible: llenar una jarra agujereada con un cedazo también agujereado. En cambio,  a los iniciados y justos siguiendo las instrucciones de las tablillas órficas y los ritos realizados en los misterios órficos les aguardaba el mayor premio: la vida eterna con los dioses.

Es curioso como esta doctrina reinventó la inmortalidad del alma y su acceso al Paraíso…es una pena que muchas tablillas quedaran tan destruidas que no se hayan podido traducir …aunque, quien sabe…puede que estas laminillas nos descubran nuevas cosas sobre este apasionado mundo de mitología y ritos mistéricos. ¿Qué opináis?