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sábado, 29 de septiembre de 2012

La esencia de la alquimia



¿Quién no ha escuchado hablar de la alquimia y de quien la hacía posible: los recelosos y misteriosos alquimistas? Si, esa ciencia que aseguraba poseer el tan deseado conocimiento para transformar la materia a su antojo como por ejemplo la transmutación de cualquier metal en oro. ¿Misticismo antiguo, delirios de grandeza o realidad? Lo que sí sabemos es que esta promesa de riqueza ilimitada fue muy bien acogida por los nobles y altos cargos de la Edad media que financiaban a los alquimistas para conseguir “la piedra filosofal”, una piedra capaz de transformar metales innobles, como el plomo y el cobre en metales preciosos, como la plata y el oro. Pero… ¿realmente lo consiguieron? No hay ninguna prueba evidente pero sí muchos manuscritos, libros y verdaderos tesoros de ilustraciones, cuadros y jeroglíficos que aseguraban esconder el secreto mejor guardado de esta pseudo-ciencia.

La palabra alquimia procede del árabe al-kīmiyaˀ o al-khīmiyaˀ que podría estar formada por el artículo al- y la palabra griega khumeia (χυμεία), que significa ‘echar juntos’, ‘verter juntos’, ‘soldar’, ‘alear’. La palabra árabe kīmiyaˀ, sin el artículo, ha dado lugar a química en castellano y otras lenguas, y al-kīmiyaˀ significa, en árabe moderno, la química
Se ha sugerido que la palabra árabe al-kīmiyaˀ significaba en realidad,, la ciencia egipcia, tomando prestada la palabra kēme, Egipto, así alquimia era el 'arte de Keme', el arte de Egipto.

Se dice que  la alquimia se inició aproximadamente desde el siglo IV a. C. hasta el surgimiento de la química y las ciencias naturales, a comienzos del XVII donde se interrumpió hasta resurgir en la época de la masonería.

Sin embargo hay sospechas de que la alquimia bien pudo iniciarse con la búsqueda de conocimiento de los colonizadores griegos en Egipto, quienes identificaron a uno de sus dioses, Hermes, con Thot, el dios de la sabiduría y escritura, guía de las almas en los infiernos y poseedor por derecho y por obligación de los libros de la vida y el destino de las personas, de las almas y del mundo.

 A este dios, los griegos lo llamaron Hermes Trismegisto, el patrón de los alquimistas, su protector e inspirador.  Thot o Hermes había dotado al pueblo egipcio con numerosos libros y manuscritos que contenían todos los conocimientos naturales y sobrenaturales, entre ellos la escritura jeroglífica y el estudio de diferentes aleaciones de metales y que se decía se guardaban celosamente en la famosa biblioteca de Alejandría siendo casi en su totalidad destruidos en el incendio que destruyó este gran centro cultural.  Algunos se salvaron y fueron copiados por traductores griegos y escribas iniciándose un secretismo hermético que aún dura en la actualidad. Según los eruditos y primeros alquimistas, Hermes Trismegisto identificado como un faraón de la era prefaraónica y tras su muerte asimilado con el mismísimo Thot, transmitió un resumen de tales conocimientos en la Tabla Esmeralda (Tabula smaragdina), datada entre los siglos VI y VIII de nuestra era y que más tarde se traduciría al árabe en doce tesis, y cuya leyenda afirma que fue grabada con la punta de un diamante sobre una esmeralda, de donde proviene tal nombre:

-          Es verdadero, verdadero, sin duda y cierto:

-          Lo de abajo se iguala a lo de arriba, y lo de arriba a lo de abajo, para consumación de los milagros del Uno.

-          Y lo mismo que todas las cosas vienen del Uno, por la meditación sobre el Uno, así todas las cosas han nacido de esa cosa única por modificación.

-          Su padre es el sol, su madre la luna, el viento lo ha llevado en su vientre; la tierra es su nodriza.

-          Es el padre de todas las maravillas del mundo entero. Su fuerza es orbicular cuando se ha transformado en tierra.

-   Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo grosero, suavemente y con gran entendimiento.

-          Asciende de la tierra al cielo y vuelve a descender a la tierra, recogiendo la fuerza de las cosas superiores e inferiores.

-          Tendrás toda la gloria del mundo, y las tinieblas se alejarán de ti.

-          Esta es la fuerza de fuerzas, pues vencerá todo lo sutil y atravesará lo sólido.

-          Según la estructura del gran mundo es la estructura del pequeño mundo.

-          He aquí la fuente de las admirables transmutaciones y aplicaciones indicadas aquí.

-         Por eso me llaman Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la sabiduría universal.

Hermes Trismegisto y Paracelso
Podemos decir que aquí nació el hermetismo, un conjunto de conocimientos que formaban un solo saber como si fuesen armas de un solo árbol y que englobaban las ramas de la alquimia, astrología, magia y la kabalah y que eran un conjunto de conocimientos esotéricos heredados de diferentes culturas.

Un alquimista de verdad era por tanto, al mismo tiempo, médico, astrónomo, astrólogo, filósofo, cabalista y químico.  Los estudios eran muy estrictos y prolongados y eran transmitidos mediante iniciación por el alquimista a no más de uno o dos discípulos, ocultándose celosamente a los demás.

Metáfora de la piedra filosofal
Sus pilares eran tres: la Piedra filosofal de color rojo, capaz de transformar los metales en oro, el Elixir de la eterna juventud, una sustancia capaz de curar cualquier enfermedad y otorgar inmortalidad a su poseedor y la consecución de la Gran Obra, que eleva a su poseedor por encima del resto de los hombres. Muchos en cambio afirmaban que la piedra filosofal albergaba estas tres virtudes y algunas más aunque sospecho que como casi todas las cosas que pasan por el rigor del reloj del tiempo, las propiedades fabulosas de dicha piedra, acabaron por desvirtuarse hasta convertirse en leyenda, como le paso al mito de “El dorado”.

Los alquimistas se convirtieron en una especie de druidas de lo esóterico, cuyos galimatías y símbolos ocultos destacaban en todas sus conversaciones y obras, confundiendo a cualquier persona que no fuese ducho en el tema. Una frase de uno de los primeros alquimistas, en Rosarium philosophorum, nos da una idea del secretismo que impregnaban a todo lo relacionado con la alquimia: “Cuando hablábamos abiertamente, no decíamos en realidad nada. Pero cuando escribíamos en lenguaje cifrado y en imágenes, ocultábamos la verdad.”

Uno de los más famosos alquimistas, el suizo Paracelso, nacido en 1493 sostenía una interesante teoría que nos puede dar una idea de la ciencia alquímica: afirmaba que los elementos de los cuerpos estaban compuestos por sal, azufre y mercurio, que representaban a la tierra, el aire y el agua. La alquimia partía de la teoría de que estos tres elementos fundamentales podían ser combinados en distintas proporciones para formar nuevos cuerpos. 

Los metales representaban, según los alquimistas, una contracción de fuerzas planetarias, por eso le llamaban astronomía inferior a ese arte ya que cada uno de los metales se asociaba a un planeta en particular. Y esta astronomía estaba muy relacionada con los signos zodiacales y los 28 ciclos lunares (la luna tarda 28 días en recorrer el zodiaco) que según los entendidos encerraban muchos secretos. Para alcanzar la famosa piedra filosofal, se decía que se tenían que calcinar estos metales hasta reducirlos a una ceniza clara y pura antes de efectuar la transmutación. Como veremos, estas no son más que metáforas con un fin concreto.

Según Paracelso, llegaría una época en la que la letra de los textos sería sustituída por una comprensión visionaria. Se llegaría de nuevo a la lengua del paraíso, que nombra todas las cosas por su verdadero nombre, y todos los misterios de la naturaleza se manifestarían como en un libro abierto. De hecho se dice que la tendencia a imágenes cifradas, símbolos crípticos y textos confusos, se explicaba por el escepticismo de los maestros de la alquimia hacia la palabra hablada y escrita. Me explico, según ellos, el alma tiene una naturaleza divina, confinada en la mazmorra del cuerpo que la contamina y la engaña para evitar que regrese a su origen. Así pues vivimos en un mundo imperfecto, impregnado de caos, en el que para poder purificarnos y regresar a la divinidad debemos crear un nuevo orden o mejorar el existente mediante la alquimia.

 Para ello hay que pasar por las siete esferas planetarias del cosmos correspondiente con siete metales. Para franquear la última esfera, el plomo (identificado con Saturno), hay que pasar por la muerte del cuerpo y la putrefacción de la materia, condición previa de la transmutación. El alma tendrá que atravesar antes las esferas de Júpiter (cinc), Marte (hierro), Venus (cobre), Mercurio (mercurio), Luna (plata) y Sol (oro). Estas esferas o metales se corresponden a diferentes estados de madurez hacia la búsqueda de la perfección, simbolizada por el oro. Cada uno de los planetas o esferas imprime en  el alma, durante su travesía, una propiedad negativa que la mancilla: Venus le da la lujuria, Mercurio la avaricia, Marte la ira, Júpiter la vanidad, y así sucesivamente. Además, en vida atravesamos diferentes estaciones asociadas a los temperamentos: podemos pasar por la época de la tierra, la estación de otoño que sería el estado de melancolía, la época del verano asociada al estado colérico, la época de primavera al sanguíneo y la época del invierno al flemático. 

 Todas ellas no son más que pruebas que tendremos que pasar en nuestra travesía de la vida a través de las distintas esferas hasta llegar a la muerte. Después de la muerte, la envoltura terrestre queda en el Tártaro como larva, y el alma se eleva por encima de las regiones áereas hasta llegar a los arcontes, que intentan impedirle el paso. Por eso hay que poseer el conocimiento de la alquimia, sin la cual no podemos pasar todas estas fases de purificación y alcanzar el premio: la inmortalidad del alma y el equilibrio absoluto.
Este equilibrio se refleja en la armonía necesaria que según los manuscritos, debe existir entre el microcosmos (hombre) y el macrocosmos (Universo). “Todo lo que ocurre en el Universo, repercute en el hombre.”

Tabla de Esmeralda: “Lo que es arriba, es abajo.”

Microcosmos y macrocosmos
El microcosmos alquímico se compone de cuerpo, alma y espíritu y a través de él alcanzamos el macrocosmos que es la espiritualidad misma identificada en el sol (y en consecuencia el oro). Para ello hay que atraer las cosas del mundo exterior, someterlas a una transformación y dominar la imaginación según la cual el hombre es el que piensa y  lo que piensa. Piensa en fuego, entonces conseguirás fuego. Según esta teoría nuestra alma es un imán que si la usamos bien a través de nuestro conocimiento, atraerá todo lo que queramos. ¿Es este el origen de la piedra filosofal? ¿La purificación hacia la madurez y perfección del alma y la dominación de la mente y el cuerpo, del alma? No lo sabemos aunque creo que nos acercamos bastante.

En la alquimia lo masculino (tiempo- azufre) y lo femenino (espacio-mercurio) deben fusionarse utilizando los elementos: fuego y agua, es decir, la disolución del cuerpo bajo el efecto del calor exterior e interior y la solidificación del espíritu tras sucesivas destilaciones. Solo así se conseguiría el quinto elemento: la quintaesencia de origen divino que, curiosamente, se identificaba en el símbolo de la estrella de David. Es más, el Adán primitivo según los alquimistas, era hombre y mujer al mismo tiempo y por tanto de raza pura. Podía parir a voluntad y atravesar árboles y piedras pero su parte femenina se separó de él y se convirtió en un espectro mortal. Desde ese momento, el alma de Adam ansía volver a reintegrarse con Sophia o Aurora (su parte femenina) y volver a alcanzar el equilibrio perdido. (Estas no son más que metáforas de la misma filosofía, recuperar el equilibrio.)

 ¿Veis la similitud con lo anterior? La muerte y la purificación del alma para acceder al “paraíso”, “la Sophia perdida”, “recuperar la divinidad”, todos símbolos metafóricos de lo que podría ser la piedra filosofal (representada a través del oro, la estrella de david, la quintaesencia). Como anécdota y refuerzo de esta teoría tengo que deciros que a Aurora o Sophia se la representa al principio como una mujer negra, simbolizando a la divinidad prisionera del cuerpo material, y que tras su purificación aparece representada con un rostro de un color rojo sangre que recuerda al tono rojo que se dice que tiene la piedra filosofal.

Ni mucho menos esto es un resumen de los preceptos alquímicos. Hay mucho más que me sería imposible resumir en un solo artículo; sin embargo, lo más importante, la esencia de la alquimia es esta.

Como podéis imaginar, muchos falsos alquimistas se aprovecharon de la ambición de muchos de poseer el secreto de la inmortalidad y riquezas ilimitadas y cuyos timos y desfalcos desprestigiaron a los verdaderos alquimistas cuyo fin último era alcanzar la perfección absoluta a través de la búsqueda de la espiritualización del alma. Para ello se cultivaba el estudio de conocimientos tanto químicos, astrológicos, médicos, filosóficos, naturales, cabalistas, herbolarios, etc… en resumen, una especie de druidas modernos cuyos conocimientos eran guardados celosamente bajo llave. Todos estos conocimientos hacían que el alquimista fuese un maestro con mayúsculas cuyos caros experimentos eran financiados para conseguir esa riqueza prometida.  Desgraciadamente no podemos viajar en el tiempo y conocer el verdadero significado de sus secretos, tan solo podemos especular, especulaciones que se pueden acercar o no a la verdad. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Druidas



Hablemos de esos personajes tan misteriosos como enigmáticos…mucho se ha dicho sobre ellos y todo lo que sabemos es gracias a las crónicas escritas de los romanos. Hay muchas discusiones acerca de lo que significaría el término Drui en irlandés antiguo o dryw en galés, es decir, el nombre con el que se designa al jefe de los clanes celtas: el Druida. Muchos afirman que significa el vidente del roble , en cambio otros le atribuyen los epítetos o nombres como : el señor de los bosques, loco de los árboles, el gran sabio, el hechicero, etc… Yo opino que poco importa su significado sino el gran legado que nos dejaron y que yace dormido en cada uno de nosotros, en nuestro interior.

Eran tan importantes en la sociedad celta que los druidas tenían distintas clasificaciones o tipos en su particular jerarquía que indicaban su nivel de aprendizaje.

Los dar-vin-din o grandes druidas eran los de mayor jerarquía. Eran sacerdotes, jueces , médicos y administradores y su palabra era la ley sobre la que descansaba toda la tradición e historia de la tribu. Estudiaban la evolución de los elementos para integrarse en ellos, olfateaban y se comunicaban con los vientos para averiguar que caminos tomar, se sumergían en lagos y ríos invocando a los espíritus de las aguas para así elaborar todo tipo de procesos espirituales y observaban los fuegos con fines adivinatorios. Se vestían con túnicas blancas.


Los bardos (no confundir con la imagen que tenemos de los trovadores que eran contadores de cuentos) cumplía las funciones de filósofo, adivino y transmisor de la tradición y conocimientos, lo que hacía a través de oraciones y  elaboradas poesías, todas con un significado y un propósito concreto.  Los bardos eran los maestros de los jóvenes ya que les enseñaban a través de sus poemas y acertijos y determinaban quien estaba listo para pasar al siguiente nivel. Contaban y relataban tanto en prosa como en verso, las proezas de sus guerreros, dioses y héroes y las crónicas de sus antepasados. Sus ropajes o túnicas eran de color azul.


Los vates eran fundamentalmente videntes y adivinos, pero también viajeros entre mundos y parece que además sanadores, herbolarios y asistían a los partos.  Realizaban sus profecías a través del vuelo de las aves, la forma de las nubes, el comportamiento de los animales o del clima… y fundamentalmente se dedicaban a la sanación, usando sus conocimientos en hierbas cuyas propiedades conocían a la perfección  para curar las enfermedades de humanos y animales.  Según el historiador romano Plinio,  a estos vates les bastaba con pasar la mano por encima de los enfermos para así descubrir donde se encontraba el mal y dar con la solución adecuada. Y no sólo acudían a ellos los enfermos físicos sino los que también estaban enfermos espiritualmente por lo que deducimos que los vates también eran excelentes psicólogos espirituales. También eran grandes expertos en astronomía, siendo los encargados de elaborar los calendarios que determinaban las fiestas  celtas y dictaminar cuando cosechar y de que forma para que fuesen abundantes. Se vestían con ropajes verdes o rojos según su especialidad (medicina o artes esótericas).


Aquellos que se vestían con ropajes amarillos eran aquellos aspirantes a druidas que recibían las enseñanzas y como novicios que eran, estaban en pleno desarrollo espiritual e intelectual.

Para ser aspirante, no bastaba con memorizar las cosas sin más, se necesitaba a un candidato con una condición espiritual muy alta, capaz de conservar el esfuerzo continuo, la observación y aprendizaje de uno mismo, de las emociones, la naturaleza y de los ángeles y demonios interiores, algo a lo que muchos no están dispuestos a enfrentarse. Existían alumnos que empleaban al menos veinte años de su vida en convertirse en los druidas de las túnicas blancas, y, considerando la poca esperanza de vida de aquella época, muchos fallecían antes de poder alcanzar ese estatus y los que llegaban tenían una edad considerable. Por ello se representa al druida con una vara en la cual se apoya para caminar aunque este bastón se utilizaba principalmente como extensión esotérica y sagrada para invocar a los elementos de la naturaleza. La vara simbolizaba la conexión del druida con el agua y el aire, dos elementos femeninos.

Si bien las túnicas fueron un signo diferencial para conocer la ocupación de un druida, este es un hecho no probado puesto que según historiadores, seguramente estos celtas se vistieran con  prendas de tejidos y colores habituales entre los suyos con pieles de animales que ellos venerasen y telas especialmente consagradas según sus creencias.
Gracias a Julio César sabemos que estos grandes personajes mantenían una estricta tradición oral puesto que no confiaban en la escritura con la finalidad quizás de mantener en secreto sus doctrinas y solo legarlas a los que ellos consideraban dignos además de ejercitar de este modo la memoria.

Además creían en la inmortalidad del alma, la cual se rencarnaba sucesivamente; estas creencias hacían que el pueblo celta fuese más valiente ante la muerte por lo que sus guerreros eran temibles en batalla. Sabían que más tarde o temprano morirían y que tendrían otra vida, por tanto, no les preocupaba el futuro, con lo que el AHORA, el presente era lo más preciado que tenían. Buena filosofía ¿Verdad?

Julio césar nos da interesantes informaciones como que los druidas transitaban con total libertad entre los clanes celtas, viajar con o sin protección a cualquier aldea, entrar e incluso asentarse durante un tiempo en la ciudad o poblado que más les agradase. Eran tan poderosos que podían acudir a muchas zonas sin uso alguno de armas ya que, con su sola palabra, les bastaba para dominar a sus enemigos infligiéndoles todo tipo de males. Esto demostraba que eran excelentísimos dialogadores y muy persuasivos.

Según los romanos los druidas estaban obsesionados con los árboles. Pensaban que los robles eran indispensables, hasta el punto que creían que todo lo que crecía sobre este árbol era un envío de los dioses. También discutían mucho acerca de los astros y sus movimientos, del tamaño del mundo y de la Tierra, de la naturaleza de las cosas, de la fuerza y el poder de sus dioses y lo transmitían a la juventud según el nivel que poseía cada uno.

El druida tenía la misión de velar por los intereses de los clanes, y eso hacía que cumpliesen la mayoría de las veces con un papel principalmente político. Solo que el druida no tenía un poder monetario enorme pero sí espiritual y muy admirado por su pueblo e incluso por los extranjeros que temían mucho a estos mediadores. Cuando había problemas entre dos clanes, problemas belicosos u hostilidades de cualquier tipo, allí estaba un druida para solventar cualquier situación ya que su palabra era símbolo de la sabiduría absoluta, requiriendo así la obediencia absoluta. Tenían el poder de ejercer de embajadores de su pueblo, crear alianzas o incluso declarar la guerra si la situación lo requería.  Para los celtas, el jefe de la tribu o rey representaba la máxima autoridad material; en cambio los druidas eran la imagen del poder espiritual de forma que cuando un druida y un rey estaban juntos, ambos eran el complemento del otro; sino fijaros en la leyenda del rey Arturo y su druida Merlín; ambos casi inseparables, el uno (el rey) amparándose en el consejo del otro (el druida).

Los juicios cuyos jueces eran los druidas, se solían celebrar en arboledas sagradas donde además se realizaban majestuosas celebraciones y exaltaciones divinas. Cuando alguien no acataba la ley o cometía algún tipo de crimen era juzgado y si su delito era lo suficientemente grave, era expulsado de allí para siempre. Además la familia del desterrado era considerada por el clan como personas de poca honra, y eran marginadas como tales durante al menos cuatro generaciones. ¿Extremo? No lo sabemos pero por lo que parecía estas leyes hacían que los crímenes de elevada categoría fuesen escasos. Además, para un druida, un error o equivocación se pagaba muy caro ya que podían ser ejecutados de descubrirse, no sin falta de honores. Aunque a nosotros nos cueste aceptar esta filosofía, ellos aceptaban sin rechistar ya que así podían en su otra vida enmendar el error y continuar con su evolución espiritual. Os dejo una reflexión mordaz: ¿Os imagináis que les hiciésemos lo mismo a los actuales políticos o banqueros, que pagasen sus errores con la muerte? Os dejo que el resto lo imaginéis. 

Así pues para los druidas había tres faltas graves que nunca debían cometer si no querían probar la muerte: PRONUNCIAR UNA CONDENA INJUSTA, USURPAR LA REALEZA O INTENTAR TERMINAR CON ELLA Y COMETER ADULTERIO.  

Otras tres faltas menos graves que podían pagarse con el destierro, la expulsión de la orden de los druidas o la muerte según dictaminase otro druida o el jefe del clan eran:  NO ASISTIR O COLABORAR EN UN RITUAL O FESTEJO, NO PRESTAR AUXILIO ESPIRITUAL O FÍSICO Y UTILIZAR SUS ARTES EN CONTRA DE OTROS DRUIDAS.

Pero había un lema que nunca debía quebrantarse y ese era el del MANTENIMIENTO DEL SECRETO de la sabiduría druídica. La tradición oral exigía que solo se podían intercambiar conocimientos entre druidas, NUNCA a cualquier otro que pudiese malinterpretar esa sabiduría y utilizarla para fines dudosos.

Así pues, los druidas no temían a la muerte, solo a una cosa: si fallecían antes de su hora podían no llegar al otro lado para rencarnarse en otra vida y quedarse vagando como fantasmas invisibles para siempre en el mundo terrenal.  El mismo druida era el encargado de lograr que el alma del difunto no se perdiese y llegase a buen puerto para su posterior rencarnación, solo aquellos penados con la muerte eran excluidos de este acompañamiento por lo que sus almas se perdían para siempre  en las tinieblas, a donde pertenecían dada su naturaleza oscura e impura.

 Como anécdota deciros que se calificaba de crimen penado casi con la muerte el cortar o infringir cualquier tipo de daño al roble sagrado de la tribu, así de importancia tenía este árbol para los celtas.

Hablando de árboles, para los druidas todos tenían una personalidad distinta y como era de suponer, no era igual un mensaje recibido de un roble que el pronunciado por un avellano. Como bien afirmaban estos antiguos sabios celtas: “Así como el roble y el sauce son dos seres sabios puesto que son árboles, uno no crece jamás bajo la sombra del otro.”
Los árboles simbolizaban para los druidas, la evolución del ser humano a camino entre dos mundos, con los pies (raíces) siempre en la tierra, creciendo continuamente y dependiendo de los circunstancias (elementos: lluvia, aire, fuego,…) y con una misión, producir los frutos que eran sus acciones, evolución e inteligencia para llegar al mundo espiritual (las ramas de los árboles que se elevan hacia el cielo). Para ellos todo ser humano tenía una estrecha vinculación con los árboles. 

Cada persona tenía tres árboles:  El primero era el árbol de su nacimiento (Io que sería el actual horóscopo de los árboles que conocemos y que le confiere la personalidad al individuo), el segundo árbol era el protector o guardián que cuidaría de aquella persona durante toda su existencia. El tercer árbol variaba según el momento por el que pasaba la persona: así si estaba triste pasaba por el camino meláncolico del sauce, si se sentía fuerte pasaba por el tiempo del roble, etc… Además cada árbol tenía asociado una letra formando un alfabeto muy especial cuyo significado suponemos que era para las invocaciones y rituales de los druidas.

Los druidas pensaban que los árboles debían ser escuchados antes de tomar una decisión, lo mismo pasaba para determinados animales como el jabalí, el gato, el perro, el caballo, etc… Para ellos incluso las piedras tenían que tener consideración puesto que encerraban una lección fundamental que sólo ellos conocían.

Como sabéis, al contrario que otras civilizaciones antiguas, en el pueblo celta, la mujer era mejor tratada incluso que al hombre ya que la mujer simbolizaba la madre de todas las naturalezas: la vida.  En los pueblos celtas las mujeres gozaban de muchísimas libertades y derechos, podían divorciarse incluso y su palabra siempre debía escucharse, además podían ser druidesas (ban-drui) por lo que no es extraño que los hijos de un hombre druida y de una mujer también druida fuesen candidatos seguros a ser también druidas como reza una antigua canción irlandesa: “de entre los druidas sólo pueden surgir reyes u otros druidas”.

Resumiendo, la naturaleza y sus elementos eran piezas claves para esta orden tan misteriosa de sabios que dejaron tras de sí toda una estirpe de costumbres que el mundo actual debería heredar.  ¿Os ha gustado?