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miércoles, 25 de mayo de 2011

El vudú y los zombis


El zombi o muerto viviente es una figura mitológica, curiosamente muy ligada al vudú del que se dice que puede, mediante determinados ritos, recobrar a la vida a los muertos para convertirlos en esclavos. Esta tarea la realizaría el sacerdote que en este caso no se denomina houngan, sino bokor, término empleado para el sacerdote que emplea el vudú para fines negativos o egoístas.

La palabra zombi parece que deriva de Nzambi, una deidad serpiente de Africa Occidental que al contrario de lo que podemos creer no representaba un culto maléfico sino todo lo contrario, ya que simbolizaba la fuerza vital. A lo largo del tiempo esta palabra acabaría evolucionando a zombi al traducirse al inglés, sobre todo en 1929 con la publicación de libros sobre este tipo de prácticas. No obstante, el término zombi también aparece como variante en muchos idiomas africanos. En el Congo, significa por ejemplo “fetiche”

Como vimos anteriormente, el ser humano en el vudú está formado por cinco componentes: la carne mortal y el espíritu de la carne, la estrella del destino, el gran ángel de la guarda (gros-bon ange) y el pequeño ángel de la guarda (ti-bon-ange). Los dos primeros desaparecen tras la muerte, sin embargo las otras dos partes del alma: el gran ángel (la fuerza vital de una persona) y pequeño ángel de la guarda (la fuente de personalidad de una persona) mantienen el cuerpo vivo y después de la muerte vuelven a la reserva de energía en el cosmos. En la fe vudú hay que tener en cuenta que la muerte no es el final de la vida, sino un cambio. La parte física del cuerpo se deteriora, mientras que el alma (el gran ángel y pequeño ángel) perdura después de la muerte en una forma diferente. El gran ángel vuelve a las zonas altas de la energía cósmica para unirse con los demás Loa para convertirse en uno de ellos. Aproximadamente un año después de la muerte, el sacerdote mediante un ritual presidido por el Barón Samedi, garantiza que el gran ángel de la guarda descanse ya que de lo contrario el alma puede echar de menos la tierra donde transcurrió su vida humana y traer el desastre y la enfermedad a todos

Según el vudú, un zombi es un cadáver que no tiene alma, la tarea del Bokor sería crearla o traerla de vuelta al cuerpo. El bokor realiza un ritual que hace que la persona muera. Luego, en un plazo corto de tiempo, el bokor introduce entonces, un ángel de la guarda (el que representa la fuerza vital) que no es el suyo o el suyo mismo capturado, a la persona muerta para que vuelva a la vida como un cuerpo sin alma animado de forma automática, un espíritu incompleto, ya que le faltaría la parte más importante del alma humana: la personalidad (pequeño ángel). Se dice que este ángel de la guarda es capturado por el bokor en una botella blanca que se pasa bajo la nariz del cadáver para que el espíritu entre en el cuerpo aparentemente sin vida y lo reanime convirtiéndolo en un zombi

Normalmente la persona reanimada tiene la facultad de hablar aunque raramente son capaces de entablar una conversación extensa y su voz es habitualmente gangosa, nasal e inconfundible al escucharla…una voz antinatural. En estos casos se dice que es uno de los Loa Guede (espíritus asociados con la muerte) el que habla a través de la persona zombificada por propio deseo.

 La realidad:


Según varios investigadores este ritual se basa en una serie de potentes fármacos y venenos, cuya mezcla hace que la víctima se paralice  por completo cayendo en una especie de coma haciendo así que el cuerpo parezca inerte. Cuando la persona se restablece de nuevo, está tan desorientado que no puede recordar cosa alguna ni reconocer a sus seres queridos; la personalidad humana, la voluntad, está totalmente anulada. Esta es la razón por la que estas personas pueden ser fácilmente controladas como si se tratase de zombis.

Un Bokor realizando el ritual
Los bokor utilizaban en realidad estos rituales para tener esclavos para el trabajo agrícola (sobre todo para las plantaciones de caña de azúcar) o de construcción. En primer lugar, el sacerdote suministraba la bebida al escogido para tan macabra tarea, (mezclada con un polvo que es el que induce a una muerte aparente y que normalmente se denomina “polvo zombi”)  la familia enterraba a la persona dándola por muerta ya que en estos países los servicios médicos son insuficientes y una muerte inexplicada es muy común dada la elevada mortalidad. Luego el bokor la desenterraba ya que transcurridas 48 horas, las drogas ingeridas dejarían con toda probabilidad de tener efecto con lo cual la persona recuperaría sus constantes vitales. Finalmente el sacerdote le proporcionaría otra sustancia alucinógena, convirtiéndola de esta forma, en una persona con deficiencias claramente psíquicas debido a la falta de oxigenación del cerebro a consecuencia del ambiente cerrado del ataúd y de los efectos secundarios de tan mortal bebida.

 Contrariamente a lo que creemos, los cuerpos de los zombis en este caso no se deterioran pero en cambio, sí hay el temor de convertirse en uno. A nadie le gusta ser el esclavo de nadie y que le anulen la voluntad. ¿A qué no? Este fue el principal origen de la leyenda urbana de los zombis

El pez globo
Wade Davis, un famoso etnobiólogo, consiguió sobornar a varios bokor, generosamente respaldado por una empresa farmacéutica y por la Universidad de Harvard, para que le entregasen muestras del veneno zombi, que serían analizadas en Harvard. Según Davis uno de los ingredientes de este brebaje fatal podría ser la tetradotoxina (TTX), una toxina que se puede encontrar en las vísceras del pez globo. Esta sustancia produce una bajada de las constantes vitales ya que impide la fluidez de las neuronas produciendo un bloqueo en la membrana neuronal. Sus consecuencias son entumecimiento, palidez, sudoración, hipotensión, hormigueo, fallo respiratorio y parálisis. … de esta forma, esta sustancia es capaz de crear un estado de muerte aparente durante varios días, los latidos del corazón se ralentizan, la respiración se hace imperceptible, la víctima entra en catalepsia y los familiares la creen muerta por alguna extraña enfermedad, pero el sujeto sigue consciente a pesar de todo

Según el vudú haitiano, la sal o la carne como alimento son los antídotos que pueden revertir o impedir el estado del zombi o minimizarlo, volviendo inmediatamente al lugar al que pertenece, razón por la que a muchos cadáveres se les ha llenado el estómago de sal, o bien se les ha cortado la cabeza o estrangulado antes de enterrarlas para evitar que el bokor las convierta luego en zombis.  A veces incluso les cosen la boca o los entierran boca abajo con un puñal en la mano para que maten al bokor que intente hacerlos zombis. Otros, menos violentos y más ingenuos, colocan semillas de sésamo en el interior del ataúd o una aguja sin cabeza con un hilo, para que la persona se entretenga, bien contando las semillas o tratando de realizar el imposible de enhebrar la aguja sin cabeza. Así según sus creencias, no podrán atender las llamadas del bokor y molestar a los vivos. En las zonas rurales incluso las tumbas se ubican lo más cerca posible de una carretera o camino o en los patios de las casas de la familia, para que los sacerdotes, por miedo a las miradas curiosas, no puedan llevar a cabo su macabra tarea. También es habitual que se vele al muerto durante varias noches seguidas, para que la descomposición haga su trabajo y convierta al cuerpo en una herramienta inútil para un bokor. 

Además de todas estas drásticas medidas elaboradas por la cultura popular, existen numerosos relatos en los que se afirma que un zombi no puede probar sal alguna, ya que de hacerlo le produciría una especie de ataque de rabia en el que puede llegar a matar a su propio dueño volviéndose muy destructivo. Sin embargo, lo de la sal no es más que otra leyenda urbana ya que, evidentemente, hace falta algo más que sal para revertir el efecto de la Tetradotoxina.

La Hierba del Diablo.
Muchos afirman que el bokor, para eliminar esta sustancia, le haría ingerir a la persona fallecida  “datura estramonium” o "Hierba del Diablo", una planta alucinógena conocida en Haití como pepino zombi,  también utilizada para inducir una muerte aparente aunque el pueblo a tomado la creencia erronea de que sirve para reanimar el cuerpo. Muchos científicos, sin embargo, aseguran que no existe ningún antídoto específico para la Tetradotoxina pero sí puede tratarse el envenenamiento con respiración asistida, inyección gota a gota de sueros glucosalinos y masaje o estímulos cardiacos.

Muchos otros científicos han criticado sin miramiento alguno la tesis de Davis considerándola una leyenda urbana aunque sí reconocen la mezcla de plantas y sustancias alucinógenas que mezclados en su exacta proporción y aplicada sobre estas personas les produciría un estado de parálisis total o parcial o una enfermedad psiquiátrica resultante.  

  Los mitos, creencias y la transmisión oral en determinados países irían agrandando la realidad y distorsionándola hasta llegar a crear la figura del zombi tal como lo conocemos hoy en día. Sin embargo, también hay que reconocer que la influencia de los libros populares y las películas ayudó y mucho ya que crearon una serie continua de malentendidos y distorsiones muy suculentas a ojos del espectador o del lector, ávido de nuevas emociones.

Como muchos rituales ancestrales, los rituales de zombis vudús se han convertido también en una fuente lucrativa, sobre todo para atraer con su morbo a turistas extranjeros o personas demasiado crédulas, interesados en los misterios de esta antigua religión. Esto hace que falsos bokor utilicen sus artimañas para simular vistosos espectáculos de resucitación con todo tipo de artilugios satánicos y objetos macabros que reavivan todavía más la llama de la deformación de los rituales originales. 

Historias sobre zombies reales:

Felicia en estado zombi
Es muy conocida la historia documentada por una escritora americana de Felicia Félix-Mentor, fallecida en 1907 de una repentina enfermedad  y convertida en zombi durante 29 años. En 1936 fue encontrada vagabundeando por una carretera próxima a la finca del hermano, desorientada y sin habla, vestida únicamente con una ligera y raída camisa de algodón. Sus familiares la reconocieron al instante, atónitos al ver a la mujer que creían muerta; aunque su cara carecía de expresión, sus pestañas eran de color blanco y sus ojos estaban como desenfocados, no cabía duda de que era ella

En 1918, la cosecha de azúcar fue extraordinaria. Por esta razón la compañía Haitian-American Sugar Corporatión ofreció nuevos puestos de trabajo en sus plantaciones. Un día un viejo jefe de poblado llamado Ti Joseph y su esposa Crovance aparecieron allí con un grupo de nueve jornaleros bastante peculiares. Solo hablaban en un extraño dialecto difícil de entender y no entendían idioma alguno. Joseph explicó que procedían de una zona remota montañosa pero que eran excelentes trabajadores. La compañía contrató a los jornaleros y aceptó la sugerencia de Joseph de apartar este peculiar grupo de los demás con la excusa de que al ser tan primitivos y tímidos, en presencia de otras personas se asustaban fácilmente. No se hicieron más preguntas. Como podéis deducir, la verdadera razón de la separación era el temor de que alguno de los jornaleros pudiese ser reconocido por algún familiar, conocido o amigo

Así fue como los nueve extraños hombres trabajaron sin descanso y en condiciones ínfimas sin protestar, alimentados solamente con un nimio potaje de mijo sin sal.  Un domingo Joseph dejó a su mujer al cuidado de los obreros durante el día. Curiosamente a Crovance se le ocurrió la idea de asistir a una procesión religiosa llevándose a los nueve trabajadores consigo. Enseguida se dio cuenta del estado totalmente ausente de sus acompañantes, y apiadándose de ellos, les dio de comer unos pasteles hechos de cacahuetes. Apenas se percató de que aquellos alimentos contenían sal. En cuanto los zombis acabaron de comer, sufrieron un ataque de rabia incontrolada profiriendo estruendosos gritos, huyendo rápidamente del poblado hacia la selva. La leyenda urbana explica que no pararon hasta llegar a los lugares donde originalmente estaban enterrados, escarbando la tierra y echándose dentro de las tumbas donde al instante se descompusieron.
Los familiares de los zombis se vengaron de Joseph pagando a un bokor para que le maldijera, pero antes de ello, algunos hombres le tendieron una emboscada y le cortaron la cabeza.

Narcisse posando con su propia tumba.
Otro caso muy famoso es el del campesino Clairvius Narcisse, fallecido en un hospital haitiano en 1962, tras ser internado como consecuencia de múltiples golpes propinados por su hermano. Este hombre aseguraba que después de su muerte en el hospital, había sido enterrado y desenterrado dos días después como zombi para trabajar como esclavo en una plantación durante dos años y nueve meses junto con otros cien esclavos, y que todo ese tiempo había estado consciente de su propio encierro pero sin poder comunicarse exteriormente de ninguna forma, moviéndose como un autómata sin propia voluntad. Afortunadamente, después de dos años en ese estado, su dueño murió dejando así de administrarles los fármacos que les suministraban diariamente, tras lo cual, al cabo de un tiempo, despertaron de su trance y escaparon del lugar recobrando su voluntad. En enero de 1980 Narcisse fue encontrado vagabundeando semidesnudo cerca de su pueblo natal, Gonaives, víctima de un shock. Más tarde expresó su convencimiento de que su hermano, ya fallecido, fue la persona que lo había vendido al bokor. Gracias a la terapia del Dr. Douyon, Narcise se recuperó casi totalmente, algo que muy pocas personas pueden contar, falleciendo definitivamente hace unos pocos años.

Un caso documentado por un escritor llamado Stephen Bonsal describe en 1912 el caso de un hombre que a causa de una fiebre alta, se unió a una iglesia de la misión extranjera. El jefe de dicha misión lo vio morir y ayudó a enterrarlo. Algunos días después, el hombre supuestamente muerto fue encontrado vestido con ropa mortuoria, atado a un árbol, gimiendo. El pobre infeliz pronto recuperó su voz, pero no su mente. Fue identificado por su esposa, por el médico que lo había declarado muerto, y por el clérigo. La víctima no reconoció a nadie, y pasó sus días pronunciando palabras y gemidos sin sentido. 

Otro caso interesantes es el protagonizado por una joven de 16 años, Francina Illéus que ingresó en el Hospital Saint Michel de l'Attalaye a causa de serios trastornos digestivos. Unos días después de recibir el alta, el 23 de febrero de 1976, fallecía en su casa, siendo expedido el certificado de defunción con esa fecha. El cadáver de Francina permaneció varios días en el depósito de cadáveres ya que su familia no tenía dinero ni para el féretro. En abril de 1979 una amiga se la encontró errando sin rumbo en el mercado de Enery. Cuando se desenterró el ataúd se descubrió que ciertamente no albergaba ningún cadáver. Se dictaminó oficialmente que la joven Francina había sido convertida en zombi, lo que la convirtió en una apestada para su comunidad, siendo internada primero en un Hospital Psiquiátrico y encontrándose actualmente a los cuidados de Joyce Auserman, una pastora evangélica afincada en Haití, que ha acogido a algunas víctimas de la zombificación, que tras despertar el terror en sus respectivas comunidades, son exiliados al olvido en algún manicomio o abandonados a su suerte.

Existen muchos otros casos documentados que son por así decirlo todavía más estremecedores, para terminar os dejo unas palabras pronunciadas por un bokor haitiano que recientemente ha reconocido la actual realización de ritos de zombificación y que da para un buen debate moral y ético: "Es mejor zombificar a alguien condenado por la sociedad, que una vez esclavizado al menos trabajará, que meterlo en la cárcel o matarlo, ya que de esta forma no aporta nada a la comunidad".

Esta es una forma de entender este tipo de prácticas en Haití, con la que la justicia tradicional, personificada en el bokor, condena a quien ha atentado contra la sociedad. Al menos así han intentado justificar algunos bokor sus oscuras prácticas. Sin embargo es bien sabido en este país que cualquier particular puede contratar los servicios de un bokor, o acudir a una sociedad secreta, para que un pariente, amigo, enemigo o vecino pueda ser convertido en zombi, haya atentado o no contra la comunidad. 

Como veis zombis han existido, y muy probablemente los hay todavía en algunos países poco desarrollados en sectas secretas afro-americanas o haitianas donde guardan el rito de la zombificación en absoluto secreto pero no se trata de los muertos vivientes que conocemos, ávidos de carne y sangre humana sino de vivos drogados, intoxicados, autómatas humanos privados de su propia voluntad. ¿Qué preferís? ¿Mito o realidad?

lunes, 23 de mayo de 2011

El origen y esencia del vudú



La práctica del vudú es tan antigua como la propia África, país del que procede. Desgraciadamente su imagen se ha deteriorado tanto que enseguida se le asocia con sacrificios humanos, sangre, adoración al diablo, muñecos con alfileres clavados, etc.…cosas que para nada se parecen a la esencia de esta antigua religión a caballo entre el politeísmo y el monoteísmo aunque oficialmente se considera monoteísta

Su origen se produjo en diferentes partes de África Occidental mucho antes de que los europeos comenzaran la trata de esclavos. Se dice que pudo originarse en las tribus Fon, Yoruba y Ewe que habitan en el territorio bañado por el Golfo de Benín (desde Ghana hasta Nigeria) pero se desconoce el momento exacto en el tiempo. A pesar de ello, algunos historiadores estiman que su antigüedad aproximada es de 10000 años.
 
Irónicamente, fue la inmigración forzada de esclavos africanos de diferentes grupos étnicos las que hicieron posible la difusión de esta antigua tradición. Fueron precisamente ellos los que empezaron a fusionar sus prácticas con otras que fueron absorbiendo de sus compañeros creando una nueva religión, mezcla de muchas etnias africanas.

La difusión del vudú en todo el mundo.
Esta religión fue prohibida durante la esclavitud y luego durante la Reconstrucción en los Estados Unidos, pero mantuvo la mayoría de sus elementos de África Occidental siendo hoy en día utilizada por millones de personas en todo el mundo, en África, el Caribe, Centroamérica, América del Norte y del Sur, bajo formas diversas, a menudo con elementos del catolicismo mezclado. 

La palabra vudú o voodoo, o vodoun, significa Dios Creador o Gran Espíritu. Su origen procede de la palabra africana “Vodu” (oveja), nombre para un demonio específico o deidad tutelar. Con el paso del tiempo el término pasó a llamarse Voodoo o Hoodoo al traducirse a inglés americano a través de la cultura africana criolla residente en Lousiana, y muy especialmente en la ciudad de Nueva Orleans. Varios historiadores europeos recalcan que la palabra actual vudú no es más que una transliteración de las palabras francesas tous vous, que significa “todos ustedes” que fue originada debido a la importante colonización francesa de Lousiana. En cambio la palabra Vudon y Vodoun se utilizan para describir las deidades brasileñas así como las de África Occidental, y en la diáspora africana.
Cuando la palabra vudú se escribe con mayúscula, denota la religión africana, cuando se escribe en minúscula engloba la espiritualidad, la tradición popular. 

Supervivencia y evolución del vudú.
   
A pesar de que el vudú es una de las más antiguas religiones del mundo, ha sido generalmente caracterizada como una bárbara y primitiva práctica, basada en la superstición y el espectáculo. Gran parte de esta imagen sin embargo, se debe a la connotación negativa que tiene la cultura europea con respecto a la africana, la habitual y antigua costumbre para reprimir y distorsionar una religión única que floreció entre sus esclavos africanos. 

Cuando los esclavistas trajeron estos pueblos a través del océano hasta las Américas, los africanos trajeron su religión con ellos. Sin embargo, al igual que se hizo con la lengua, cultura y patrimonio de los esclavos, esta religión no tuvo más remedio que adoptar formas diferentes. Tenía que ser practicada en secreto, ya que en algunos lugares se castigaba la manifestación de esta religión con la muerte, y tuvo que adaptarse a la pérdida de sus lenguas africanas. 

Para sobrevivir, el vudú también adoptó muchos elementos del cristianismo ya que la mayoría de los esclavos fueron cristianizados a la fuerza. Así fue como sus espíritus a menudo tomaron el nombre y algunos de los atributos de los santos cristianos. 

Antigua pintura Candomblé brasileña
Esta lucha religiosa duraría durante tres siglos, pero ninguno de los castigos o prohibiciones hizo que la fe de los africanos desapareciera. El vudú acabó sobreviviendo en las condiciones más duras y acabó como una religión legítima en varias zonas del mundo, como Brasil, donde se le llama "Candomblé" y en el Caribe de habla inglesa, donde se le llama "Obeah",  y en África occidental donde son creyentes devotos. En las antiguas Islas Españolas, el vudú inspiró una nueva religión que se conoce como Santería, una creencia con ciertos tintes del vudú, influida especialmente por el cristianismo (la adoración de los Santos). En la mayoría de los Estados Unidos sin embargo, el vudú fue casi erradicado a excepción de ciertas zonas como Nueva Orleans gracias a la emigración  a esta ciudad de los haitianos que residían en Cuba. Ellos trajeron consigo a sus esclavos que incorporaron sus ritos y creencias a los de la población de esclavos existentes. De esta forma, el vudú significa, para la mayoría de los afro-americanos, otra parte de su patrimonio que sólo tienen que intentar redescubrir. 

La esencia del vudú


El universo es todo uno. Según esta religión y muchos espiritistas no estamos separados, todos somos partes diferenciadas de uno mismo. Somos espejos de las almas de otros. En el vudú existe una divinidad superior con entidades menores que se manifiestan a través de los espíritus de los antepasados y deben ser respetados en los rituales. Existe un ciclo sagrado entre los vivos y los muertos que no debe ser roto bajo ninguna circunstancia, esta es la esencia de los principales ritos del vudú que incluyen oraciones, tambores, baile, canto e incluso el sacrificio de animales.

Hounfort-ritual.
Los practicantes del vudú se suelen unir en una comunidad llamada société y reunir en torno a un templo (Hounfort, un espacio amplio con techo,normalmente de suelo de tierra  sin ningún tipo de adornos ni altares recargados típicos de las iglesias cristianas) donde se celebran los rituales y ofrendas. En el centro del Hounfort, suele haber una base plana de cemento que se utiliza como el lugar donde depositan las ofrendas a los espíritus inmortales convocados, y un altar de piedra que suele contener velas, comida, dinero, amuletos, collares sagrados, imágenes de santos, botellas de ron, tambores…etc.…esto es, todos los objetos que tienen un significado simbólico dentro de la creencia vudú. Este altar representa pues la puerta entre este mundo y el sobrenatural. 

Retrato Houngan-museo New Orleans.
Esta comunidad es siempre dirigida por un sacerdote (houngan) o sacerdotisa (mambo) que posee una amplia gama de conocimientos religiosos que lo convierten en la única persona capacitada para interactuar con el mundo sobrenatural y ejercer de intérprete. El sacerdote y sacerdotisa son iguales en todos los aspectos. El houngan actúa como el líder de la comunidad y espiritual, NO se debe confundir con la imagen que tenemos de brujo o curandero ya el concepto es mucho más complejo

Es frecuente que los creyentes en esta religión se reúnan con el sacerdote o sacerdotisa en cuestión, para buscar asesoramiento, orientación espiritual o ayuda con sus problemas. Es entonces cuando el sacerdote, a través de asistencia divina, ofrece su ayuda como puede ser la curación a través del uso de hierbas o medicamentos (usando el conocimiento que se ha transmitido dentro de la propia religión), o la curación por la fe en sí como es común en otras religiones.  El sacerdote no recibe ningún salario, por lo que el pago por sus servicios viene derivado de lo que sus clientes pueden pagar (casi siempre se trata de gente pobre) 

Dioses y espíritus del vudú

Baile vudú en Congo-siglo 19
La creencia vudú reconoce un Ser Supremo o divinidad muy semejante al Dios cristiano (Bon Dieu o Bondye). Sin embargo, los devotos suelen convocar a “El Loa”, deidades menores o espíritus que sirven como intermediarios entre los hombres y el mundo sobrenatural y que son convocados a controlar la naturaleza, salud, riqueza y felicidad de los mortales. En realidad estos espíritus muchas veces suelen ser espíritus de antepasados que también representan principios morales y diferentes elementos de la naturaleza como el viento y la lluvia, el rayo y el trueno, el río, el mar, manantiales y lagos, el cielo, el sol, algunos animales, árboles y piedras. De hecho, se baraja la posibilidad de que los dioses africanos originales de los que desciende el concepto evolucionado de “Loa” fueran los espíritus de los primeros seres humanos. Es como cuando un niño mira o busca a sus padres para su orientación en la vida, aquí los creyentes buscan la ayuda de sus antepasados más sabios que ya han pasado al mundo espiritual y que les pueden asesorar tanto de forma espiritual como de forma material. 

Según varias leyendas la distinción entre este gran dios y los Loa vino dado por el siguiente mito: Al principio, Dios participaba en la vida del hombre pero llegó un día que a consecuencia de la arrogancia y ciertos incidentes provocados por los hombres, Dios se alejó de ellos y adoptó una actitud de claro distanciamiento. Así pues para ocupar el espacio dejado por Dios aparecieron los Loa, los espíritus intermedios, los puentes entre el hombre y Dios, dotados de sentimientos propios y de personalidades humanas, principal razón por la que cada Loa tiene sus propias cualidades, preferencias y voluntades. 

Además estos espíritus, a diferencia de otras religiones, tienen la necesidad de comer, ya que pierden su poder si no se alimentan. Este es el motivo por el que la comunidad creyente del vudú realiza ofrendas de comidas y sacrificios de animales incluidos en la mayoría de los rituales: para mantener fuertes a sus Loa ya que estos a cambio usaran su fuerza para apoyar a la comunidad en tiempos de dificultades y problemas. Muchas personas creen  a consecuencia de esto y equivocadamente que el vudú requiere la práctica de sacrificios humanos o canibalismo, algo que no es cierto. De hecho, nunca se encontró evidencia o prueba alguna de tales prácticas.

Durante las ceremonias vudú “el Loa”, puede poseer el cuerpo de los participantes, transmitiendo a través de ellos, consejos, advertencias y deseos y que puede ser calmada o más agresiva, según el carácter propio del Loa que posea al creyente. Se dice que la etimología de esta palabra, Loa, deriva del francés "Loi" (Ley) y que existen dos tipos principales de Loas: Rada y Pertro.

 Damballah madre(aida-wedo)
Los Rada son Loa pasivos, benevolentes y suaves que representan la calidez emocional y estabilidad espiritual. Suelen pedir sacrificios pequeños de animales como pollos o palomas. En la mayoría de las ceremonias del vudú, los Rada son los Loa más frecuentes con un 95% o más. Los más importantes se denominan DAmballah-Wedo (padre) y Aida-Wedo (madre). Ellos representan los antepasados más antiguos de la humanidad y por tanto simbolizan los conocimientos ancestrales sobre los que se ha fundado el vudú. Damballah-Wedo,  es el padre de todo lo que es poderoso y bueno,  y está estrechamente asociado con la serpiente, el servidor de Damballah. Según los creyentes, bajo la serpiente se reúnen todos los presagios y auspicios para todos los que comparten la fe. El sacerdote o sacerdotisa son los vehículos para la expresión del poder de la serpiente. 

Glifos en piedra de los Loa Petro
Los Pertro son los dioses oscuros, el opuesto de las fuerzas benévolas de los Rada. Sin embargo, el término “oscuro” no significa que sean malos, aunque sí representan el equilibrio necesario para llevar a cabo los actos que con los Rada no se pueden lograr. Los ritos Petro se originaron en Haití debido a la estabilidad que ganaron las tradiciones de las tribus africanas después de las consecuencias producidas por la brutalidad de la esclavitud. En aquellos tiempos tan duros, para los esclavos, los dioses ya no podían tener un papel pasivo suave, sino que era necesario actuar. Como resultado, los Petro, son más agresivos, más potentes y más rápidos que los  Rada. Fue este culto el que produjo las más famosas revoluciones por parte del pueblo africano. 

Restos de sacrificio de pajaro
Estos espíritus  pueden curar más rápidamente las enfermedades y realizar actos que los Rada no son capaces de hacer. En consecuencia la demanda de sacrificio se hizo más grande, a más sacrificios más poder por lo que empezaron a proliferar los sacrificios de cabras, ovejas, cerdos, vacas y toros. En general, las ceremonias Petro están fuera del hounfort siendo el lugar de reunión más habitual un cementerio, por ejemplo. 

Baron Samedi, representación moderna
Los "Guede” son otro tipo de antiguos grupos de espíritus que en este caso están asociados a la muerte. Ellos no pertenecen ni a Rada ni a Petro, son una familia separada por completo de los Loa. Los Guede se utilizan en asuntos relacionados con la muerte, sobre todo en el paso entre el mundo de los vivos y los muertos, que son a menudo el último recurso para los enfermos. Estos espíritus permiten que una persona enferma se recupere o que lo acepten en el reino de los muertos; incluso existe la creencia de que pueden hablar a través del cuerpo del difunto con una clara voz nasal, causa por la que suelen taparse las fosas nasales de los cadáveres.  

Baron Samedi, que representa a la muerte, es el más conocido de los Guede, y uno de los más poderosos y temidos de todos los Loa, porque él es el que controla el pasaje entre la vida y la muerte. En el ritual a este espíritu, se ofrecen a menudo cabras o gallinas. Sus símbolos son, ataúdes cruz y falos, sus colores son el negro y púrpura, y es a menudo retratado como un glotón y un tramposo.
 
Religión animista:

El vudú cree en un alma con cinco componentes: La carne mortal (lo que es el cuerpo formado por la carne y la sangre), el espíritu de la carne (permanece cuando el hombre muere, dando aún forma a su cuerpo, y se va deshaciendo conforme se pudre y pasa a la tierra), una estrella que marca el destino de cada uno, un gran ángel de la guarda y un pequeño ángel de la guarda, ambos partes de la misma alma. El gran ángel lo tienen todos los seres que sienten y se adquiere en el momento del nacimiento, pasando en el momento de la muerte al dios creador como una energía indiferenciada; en cambio, el pequeño ángel, es propio de cada uno, recoge nuestros conocimientos, acumula nuestras experiencias, es lo que modela nuestro carácter y forma de ser, y durante el sueño sale de nuestro cuerpo vagando y tomando contacto con espíritus, con antepasados, o viajando a distintos lugares. 

Pintura africana.baile y danza vuduísta.
Aquí los objetos y fenómenos naturales también poseen un alma propia, por eso se dice que el vudú es una fe animista. Es por ello que las ofrendas para los espíritus suelen consistir también en objetos o posesiones significativas o de valor sentimental de los creyentes. Cada ritual se lleva a cabo para un propósito específico: para solicitar algo de un Loa en particular o para realizar ofrendas a cambio de algo. En el vudú, la divinidad se encuentra en el acto del ritual en sí mismo, en el canto y los tambores y en el baile para llamar a los espíritus y no es casualidad, ya que la música y la danza son elementos clave, ya que son la expresión misma de la espiritualidad, la conexión con la divinidad y el mundo de los espíritus. 

Los espíritus se invocan pues, para traer la armonía y la paz, el nacimiento y renacimiento, el aumento de suerte y la renovación. El vudú anima a sus participantes a comprender mejor los procesos naturales de la vida y su naturaleza espiritual, una religión muy a tener en cuenta. 

Artículo dedicado a Mario P.
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